Cómo y por qué iniciarse en la meditación – La Mula

En mi trabajo como instructor de meditación, facilitador en Budismo Gelug Perú y traductor en Kagyu Tardgay Chöling Perú, he tenido la necesidad de explicar a personas con diversos intereses y enfoques de qué se trata el budismo y la meditación y cómo pueden beneficiarlos. 

Hace poco recibí un mensaje de una persona a quien admiro por su trabajo, que me decía que estaba interesado en la meditación, pero que no quería tener nada que ver con temas “new age”, que era bastante escéptico, que le gustan los caminos de la razón y que no le gustan las opciones espirituales que “te sacan el yo a cualquier clase de trascendencia”. De inmediato me identifiqué con sus palabras, aunque no sé si tuve éxito, es el breve espacio de diálogo de un chat, para trasmitir lo que pretendo dar a entender en este texto.

En otra ocasión, recibí una pregunta de una de las asistentes al grupo Gelug (tradición del Dalai Lama). Ella había participado en un par de sesiones y quería saber si era adecuado seguir asistiendo, siendo ella católica.

Trataré de exponer, lo más brevemente posible, de qué trata el budismo y la meditación en general y la tradición Mahayana – Vajrayana del budismo tibetano, que es la que practico y conozco, en particular teniendo en cuenta a estas dos personas como representantes de tipos distintos de buscadores.

¿Qué es el budismo y cómo puede ayudar a diferentes personas?

Cuando se le preguntaba al Buddha Sakyamuni (fundador de esta tradición) qué es lo que él enseñaba, él respondía que enseñaba el sufrimiento y la cesación del sufrimiento, nada más.

Todas las prácticas, consejos y postulados de budismo tienen como propósito la superación del sufrimiento. El término Dukkha, que se traduce como sufrimiento, en realidad expresa mucho más: desde el dolor puro y duro físico o emocional, pasando por la insatisfacción y la angustia existencial, hasta el sufrimiento potencial de perder lo que nos es preciado y de la impermanencia de las situaciones felices.

¿Cómo es que “los budistas” obtienen el conocimiento para superar el sufrimiento? El término tibetano para referirse a los practicantes del Dharma es Nangpa, que se puede traducir como “el que mira hacia adentro”, es alguien que busca la verdad no en los fenómenos externos, sino en la naturaleza de su propia mente. Todo el cuerpo de conocimientos de esta tradición, que incluye prácticas de meditación, psicología, medicina y en algunos casos rituales, descansa sobre la premisa de que se puede conocer la verdad (en relación al sufrimiento y su cesación) mirando hacia adentro y se puede determinar la veracidad de una idea o eficacia de una práctica a través de la experiencia directa y subjetiva.

Hace dos mil quinientos años, Siddharta Gautama, se propuso abandonar su posición como heredero al trono de un reino de la India para buscar la solución definitiva al sufrimiento. Habiendo seguido las enseñanzas de diversos maestros durante años, llegó a la conclusión de que éstas no eran suficientes. Fue entonces que decidió abandonar los extremos del ascetismo y la indulgencia y se sentó a practicar la introspección bajo el árbol de Boddhi hasta alcanzar la compresión o morir en el intento.

Fue así como alcanzó el estado de Buddha, es decir, alguien que ha superado la ilusión y puede ver la verdadera naturaleza de su mente y los fenómenos que en ella se manifiestan y que ha superado el sufrimiento extinguiendo su causa. Sobre este estado se puede decir mucho más y al mismo tiempo cualquier expresión que uno use para describirlo es siempre imperfecta, pues éste va más allá de los conceptos. Lo que sí cabe decir, es que el estado de Buddha no es exclusivo de Siddharta, que se trata de la naturaleza básica de la mente desprovista de los velos del discurso y los instintos y que es accesible a todos los seres sintientes. Sin embargo, la práctica de la meditación no requiere que aceptemos la idea de la Budeidad, ésta puede quedar como una hipótesis a comprobar por uno mismo a medida que desarrolla su propia visión.

Desde entonces, los maestros y yoguis Nangpa han continuado practicando y comprobando las técnicas que dejó Buddha Sakyamuni y perfeccionando las maneras de explicarlas a diversas culturas a lo largo de los años en una (o varias) cadenas ininterrumpidas de maestros y discípulos. Estas cadenas se denominan linajes.

Una de las cosas que al principio confundía a los discípulos de Buddha Sakyamuni era que éste enseñaba algo en un pueblo y en el siguiente algo diferente que parecía contradecir lo anterior. La razón que él dio para esto fue que él no podía enseñar la verdad desnuda utilizando conceptos, sólo podía señalar diferentes caminos que cada quien debía experimentar y validar por sí mismo. Dada la diferencia de caracteres, era necesario prescribir diferentes remedios. Ese es el motivo por el que hoy en día, a pesar de existir una gran diversidad de linajes, no hay una discusión entre ellos por establecer uno como válido y los demás como inválidos. Uno puede recorrer varias tradiciones hasta encontrar la que sirva a su determinado carácter y situación en la vida.

Esto mismo se puede aplicar a las prácticas e ideas propuestas por un linaje para quienes no se consideran budistas. Habrá quienes, como yo, deseen conocer de primera mano el camino completo en una tradición, enganchen con todas sus formas y métodos y desarrollen plena confianza en un maestro. Pero también es perfectamente válido acudir a “los budistas” para conocer sus prácticas y practicar aquellas que nos parezcan razonables y sirvan a nuestro propósito. En budismo, no se pide que nadie acepte nada porque lo haya dicho el maestro o el Buddha mismo, se considera que el Dharma, en este caso la enseñanza y las instrucciones, son como oro. Cuando alguien nos da un pedazo de oro, habrá que morderlo, fundirlo y someterlo a toda clase de pruebas para tener la certeza de que se trata del precioso metal.

¿Qué pueden aprender y aprovechar nuestros amigos de los caminos de la razón y los de la fe católica o cualquier otra? En mi opinión una de las cosas más valiosas que esta tradición tienen que ofrecer a quien se acerca a ella en busca felicidad y desarrollo personal es la meditación Shinay o Shamatha.

La técnica es tan sencilla que se puede resumir en dos líneas. No lo haré acá, porque es necesario recibirla directamente y establecer un vínculo con un maestro, o al menos alguien que tenga el soporte de un maestro para interpretar la experiencia del meditador y saber aconsejar, qué corregir y cómo continuar la práctica.

El propósito de esta técnica es calmar las emociones perturbadoras, reduciendo su poder de manipular nuestras acciones, pensamientos y estados de ánimo. Con ella se entrena la mente hasta desarrollar el hábito de estar siempre al tanto, sin mediar esfuerzo alguno, de los procesos mentales y las cadenas de eventos internos que nos llevan a situaciones desagradables o perjudiciales para la felicidad.

Como complemento a esta técnica, y si el meditador está dispuesto, existe una modalidad de meditación llamada Tonglen (tomar y dar). Con ella se entrena la mente para perder el miedo a que el yo sea dañado y se ejercita el altruismo. Llevada a cabo plenamente, la motivación de nuestras acciones se vuelca por completo a lograr la felicidad y bienestar de los demás y se supera la tendencia a mimarnos a nosotros mismos. Por supuesto, uno puede llegar tan lejos como quiera.

Una de las particularidades del budismo es que constata que la aceptación intelectual de ideas, ya sean éstas producto de conclusiones propias o adoptadas de las enseñanzas, no basta para trasformar nuestros hábitos. Es ahí donde la meditación y el ritual entran a tallar. En budismo no hay adoración y no hay rituales en todas las tradiciones. Sin embargo, en la tradición Vajrayana el ritual e incluso la devoción se pueden usar como un medio para trasformar los hábitos mentales, siempre usando el propio discernimiento. Por supuesto, la participación en un grupo (al menos en los que yo conozco) no requiere que todos participen en rituales que no entienden o que no comparten, el acompañamiento en silencio es perfectamente aceptable.

Finalmente, y para quienes se hayan entrenado en Shinay, está disponible la meditación Lhagtong: Visión Interior Superior. Esta práctica nos invita a mirar sin mediar conceptos, la naturaleza de nuestra propia mente y el modo de existencia de los fenómenos que experimentamos interna y externamente. Una vez más, el meditador define hasta dónde quiere llegar. Sin embargo, si uno ha llegado hasta este punto quiere decir que ha encontrado que lo expuesto por el budismo sobre la estructura de la realidad le resulta al menos aceptable.

¿Hay alguna prueba o indicio no subjetivo de la eficacia de estas técnicas?

Como dijimos antes, en la tradición budista el modo para generar y validar el conocimiento es introspectivo. La forma de comprobar si lo que dice el maestro es cierto, es practicar el método y observar los efectos por uno mismo.

Afortunadamente, hoy en día, la neurociencia nos ofrece una perspectiva adicional. Para la ciencia occidental es necesario poder medir y observar los fenómenos y sus causas para obtener un conocimiento válido desde sus criterios de objetividad.

Dado que para el budismo la búsqueda de la verdad es más importante que aferrarse a sus postulados, el Dalai Lama y otros grandes maestros tradicionales llevan a cabo encuentros periódicos con científicos occidentales para estudiar la meditación y sus efectos desde múltiples perspectivas.

La ciencia occidental ha empezado a establecer relaciones entre actividad cerebral observable mediante sofisticados equipos, el reporte que los sujetos de estudio hacen sobre su experiencia y su comportamiento y los efectos que distintos tipos de meditación tienen sobre los anteriores.

Un ejemplo del resultado de estas investigaciones, es expuesto por la Dra. Helen Weng del Osher Center for Integrative Medicine. Pueden ver su presentación en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=PCymeuQECOs.

¿Qué pasa si uno no está de acuerdo con algunas posturas filosóficas del budismo?

No pasa nada. Aunque los diferentes tipos de meditación están diseñados para alcanzar un estado de plena y profunda comprensión de la realidad que libera del sufrimiento, es decir la iluminación (por cierto, una empresa de muy largo aliento); sus efectos secundarios son también muy deseables para quien simplemente quiere mejorar su experiencia en las circunstancias de su vida.

Se han documentado, bajo los paradigmas de la ciencia occidental, diversos beneficios de la meditación Shinay y aún más cuando ésta se combina con Tonglen (entrenamiento en compasión). Mejora la capacidad de concentración y atención, disminuye la ansiedad, el estrés, el miedo y la ira. Se incrementa considerablemente la capacidad de observar, conocer y modificar los procesos mentales .

Al cultivarse una mentalidad altruista, no sólo mejora el clima de convivencia, sino que uno aprende a trasformar situaciones que antes le causarían ira y sufrimientos, en oportunidades para practicar la paciencia. De esta forma se descubre un modo completamente nuevo y constructivo de relacionarse con los demás .

¿Qué ofertas existen en nuestro medio para aprender a meditar?

Puedo identificar al menos tres clases de “ofertas”. En primer lugar, están las escuelas que ha adaptado a occidente las prácticas de meditación. Generalmente estas no declaran su filiación y deuda con la tradición budista. Pueden ser beneficiosas, pero algunas han sido modificadas para ser un producto que pueda venderse fácilmente y prometen bienestar sin esfuerzo. Esta promesa no sólo es falsa, sino que incrementa el anhelo egoísta y por ende el sufrimiento. Por supuesto, también hay ofertas de este tipo que sí son serias y buscan ayudar a las personas que las practican sinceramente y lo hacen con éxito en todo el mundo.

El segundo tipo de oferta es la enseñanza de meditación por parte de maestros calificados que han recibido y practicado las técnicas de un auténtico linaje, pero que optan por enseñar a un público que no necesariamente tiene interés en ser budista. Éstas pueden ser muy beneficiosas dependiendo de la correcta motivación altruista del maestro y su honestidad con relación a su propia capacidad. Personalmente considero muy valioso el trabajo de estos maestros, porque acercan los beneficios personales y sociales de estas prácticas a personas de otras tradiciones que no accederían fácilmente a participar en un grupo tradicional. Algunas veces estos mismos maestros tienen varios grupos, algunos tradicionales y otros heterodoxos.

El tercer tipo de oferta es el tradicional. Grupos que se declaran herederos de un linaje auténtico, que cuentan con un maestro o maestra que tiene la guía de su tradición y dónde se practica más o menos como se ha venido haciendo a lo largo de los siglos. Generalmente en estos grupos también puede participar un “no-budista” y aprovechar la riqueza de esta tradición sin suscribirla o aceptarla por completo.

Es importante señalar que, para los budistas, el proselitismo no es algo deseable. Es mejor que un ateo o un cristiano se mantenga en su doctrina enriqueciéndola en sus propios términos con las herramientas que el budismo ofrece, antes de que abandone su comunidad y tradición.

Como dicen los maestros: “El banquete del Dharma está servido, depende de ti qué y cómo lo aprovechas”.

¿Cómo iniciarse y practicar meditación?

A estas alturas quedará claro que el camino de cada quien es único. Sin embargo, en líneas generales, puedo recomendar lo siguiente desde mi experiencia.

En primer lugar, es importante conocer centros de meditación de varias escuelas y si es posible, tener contacto con Maestros. En esta etapa uno debe evaluar si el maestro o el grupo merece nuestra confianza. Tradicionalmente se señalan algunos indicadores que nos permiten confiar en un maestro. Entre ellos: que sea disciplinado, sereno, que haya apaciguado sus emociones, que esté motivado exclusivamente por el amor y la compasión y que tenga una comprensión de la realidad superior a la de sus estudiantes. Adicionalmente, he encontrado que los centros confiables no promueven críticas a otros linajes y que ofrecen bibliografía y hacen referencia a maestros de diversas escuelas, además de tener buenas relaciones con otros centros.

Una vez que hemos definido un maestro o centro que merezca nuestra confianza, al menos inicialmente, es recomendable concentrarse y no buscar practicar instrucciones diversas. Como dijimos antes, los métodos pueden variar y llevar a confusión, aunque el lugar a donde se dirigen sea el mismo.

Generalmente todos los centros ofrecen instrucciones de Shamatha o Shinay, la meditación básica de habitar en calma. Recibir y practicar esta meditación como un experimento. Practicarla en el centro y hacer todas las preguntas que sea necesario hasta tener claro el método y tomarse un tiempo para practicarla uno o dos veces al día en casa. Volver al centro cada cierto tiempo para comentar la experiencia con el maestro o instructor a fin de que éste pueda corregir o recomendar cambios en la técnica según las características de cada quien.

Ya sea que uno decida denominarse budista o no, el soporte de una comunidad es de gran ayuda para el progreso en la práctica de la meditación, es por ello que se recomienda asistir con regularidad.

Dedicatoria y palabras finales

El propósito de este texto es poner a disposición de quien lo lea un panorama que le permita entrar en contacto con una práctica y conocimiento que lo ayude en su búsqueda de la felicidad y fortalezca su actitud altruista.

Dedico cualquier consecuencia positiva de este esfuerzo a la felicidad de todos los que sufren. Si hay algo de verdad o beneficioso en estas palabras, lo debo a la bondad y sabiduría de mis maestros. Cualquier error o inexactitud se debe a mi pobre comprensión y asumo por completo la responsabilidad.

¡Puedan todos ser felices y estar libres del sufrimiento!

MÚSICA MEDITACIÓN MEDITATION MUSIC

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